JORGE LANATA: EL NUEVO BUFÓN DE MAGNETTO, HERRERA DE NOBLE Y MITRE
Hay un lugar del que nunca se vuelve, del ridículo. Jorge Lanata caminó por la cornisa haciendo teatro de revistas en la calle Corrientes, coqueteó en los últimos tiempos con la burguesía nacional con declaraciones de compromiso para contentarlos y ahora llega su punto de mayor vulnerabilidad ética al pretenderse gracioso en un video donde se burla no solo de la Presidenta.
Se lo nota cómodo e incómodo a la vez a Lanata. Cómodo en su nuevo lugar de “pertenecer” al entorno de los poderosos de los medios a los que él supo denostar en otros tiempos, cuando combatía a los grupos concentrados de poder desde Página 12 o desde Revista XXI y su saga. Pero también se lo nota incómodo ante la mirada de los que otrora lo admiraban y ahora cuanto menos se desencantan.
Desencanto que no es nuevo, ya que Jorge Ernesto Lanata sabe de cosechar desencantos en su entorno, como sus ex empleados a los que no tuvo ningún prurito en tratar como meros números a la usanza de las patronales que él mismo denunciaba.
Desde hace un largo tiempo Lanata decidió estar en la vereda opuesta al gobierno de los Kirchner, lo cual no tiene nada de malo si sus convicciones fueran por esa calzada desde siempre. Más aún, si fuera un giro abrupto de timón porque tuvo un cambio de concepciones ideológicas, también podríamos decir que aunque cuestionable está en su derecho.

Pero no deja de dar pena su condición de Ridículo Bufón de Héctor Magnetto y sus acólitos. Desde allí trata de congraciarse burlonamente a cualquier precio con los padres de la manipulación nacional del discurso durante los últimos 50 años. Como prueba de ello podemos verlo en un video que resulta el spot que anuncia su vuelta a la TV argentina, casualmente dentro del Grupo Clarín.
En ese afán de ser gracioso, se burla de un discurso de la presidenta donde anuncia la mejora en la distribución del ingreso. No vamos a ponernos en rol de Caifás para desgarrar nuestras vestiduras. Pero en su modo obsceno de hacer reír a esta casta de poder económico y mediático se arrastra en su deshonor y hasta termina riéndose no del lenguaje de señas de la traductora sino de los discapacitados auditivos que pueden entender el mensaje. Pero eso no es importante para quien se considera un transgresor y el dueño y gestor del nuevo humor irreverente.
Lanata no es ingenuo, ni inocente. No es un acto fallido de un mal humorista, es en suma una mancha más en un ser que está acostumbrado al decir disociado del hacer. No se burla de los sordos sin querer, como tampoco fue sin querer cada acto de traición a sus compañeros de trabajo o a sus empleados. A Lanata no le importa esas traiciones, porque tampoco le importó ni le importará traicionarse con tal de “pertenecer” a esa clase social de poder que tanto lo seduce.
Triste trabajo el de ser bufón de los poderosos, triste camino el del que transita por el ridículo sin pasaje de vuelta.